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06-03-2009 Adelgazar, no de milagro

La estabilidad atmosférica de las últimas semanas ha puesto de manifiesto dos hechos irrefutables: al invierno le quedan pocos coletazos por dar y sólo faltan cuatro meses para la llegada del verano -algo que sabíamos todos, pero que seguro más de uno acaba de caer en la cuenta al leer esto-. Por delante quedan cuatro meses de sacrificios en el gimnasio y delante del plato para tratar de lucir el palmito deseado cuando, al estrenar las vacaciones de verano, nos quitemos la camiseta en la playa.

¡Error! Ni con cuatro meses machacándonos haciendo ejercicio, ni sacrificando drásticamente nuestros hábitos alimenticios conseguiremos nada. Según la presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Salamanca, María Ángeles de Sande, el no realizar «ejercicio continuado» y el seguir dietas que consisten «en no comer» de algo o de todo, desembocan en un efecto 'yo-yo', ya que al dejarlas «hay que volver a empezar» porque se engorda y además «someten al organismo a estrés».
No existen dietas milagro y las que prometen adelgazar más de dos kilos en un mes son «peligrosas», advierte De Sande, quien apunta que lo único que funciona es «comer menos de todo y hacer más ejercicio».

Este tipo de dietas que se ponen de moda en el mes de marzo son «un engaño», ya que se pierde peso porque «se quita agua y músculo», pero no grasa, «que es en lo que consiste adelgazar», observa la farmacéutica. Hay «que tener mucho cuidado», afirma De Sande, para quien el proceso de perder peso es «lento, constante y mantenido».

Tipos de milagros
Para reconocer estas 'dietas milagro', la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESA) las clasifica en tres grupos: hipocalóricas o desequilibradas, disociativas y excluyentes.
Las del primer grupo se caracterizan porque al dejarlas se produce una rápida ganancia de peso, que se traduce en un aumento de masa grasa y pérdida de masa muscular. Estos regímenes son monótonos, además de presentar deficiencias en nutrientes, sobre todo si se prolongan por largos períodos de tiempo.
Las disociativas se basan en el fundamento de que los alimentos no contribuyen al aumento de peso por sí mismos, sino al consumirse según determinadas combinaciones. Esta teoría carece de fundamento científico y los resultados obtenidos sólo obedecen a un menor consumo de energía. Además, este tipo de consumo es casi imposible porque no existen alimentos que solamente contengan proteínas o hidratos de carbono.
En cuanto a los regímenes excluyentes, se basan en eliminar de la dieta algún nutriente. Estas dietas pueden ser: ricas en hidratos de carbono; ricas en proteínas y sin hidratos de carbono (producen sobrecarga renal y hepática); ricas en grasa. Se conocen como dietas cetogénicas. Son peligrosas porque pueden producir graves alteraciones en el metabolismo.
Para María Ángeles de Sande, la dieta ideal es la Mediterránea, «pero sin pasarse con las cantidades», además si está acompañada de ejercicio para combatir el sedentarismo, «mejor». De Sande recoge la recomendación del fallecido experto en nutrición Francisco Grande Covián para que se ingiera «lo mismo que comemos, pero en plato de postre».

Destierro de mitos
Estas observaciones, que desmontan todas las 'dietas milagro' serán objeto de la próxima conferencia que imparta el Colegio de Farmacéuticos de Salamanca, dentro de las programadas en toda Castilla y León por los órganos provinciales farmacéuticos sobre alimentación, de las que el colegio salmantino es coordinador.
En esas charlas se desterrarán mitos adjudicados a determinados alimentos. Por ejemplo el que el agua engorde si se toma en las comidas, ya que no lo hace nunca, «pero tampoco tiene poder adelgazante, pues no existen las calorías negativas», sentencia De Sande.
En el mismo sentido, lo mismo engorda una pieza de fruta antes que después de las comidas, que sola, otra cosa es su efecto saciante. La mantequilla y la margarina contienen las mismas calorías, nueve por gramo. Sobre los productos enriquecidos con ácidos omega tres, la farmacéutica recomienda que lo mejor es «que se consuman los alimentos que los contienen», como el aceite de oliva o el pescado azul, aunque -para De Sande- pueden ser un complemento en ciertos casos de necesidad, que «no un sustitutivo».

Fuente: nortecastilla.es
 
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