
La dieta mediterránea centra innumerables investigaciones, publicaciones, artículos y ponencias que tratan de inculcar los beneficios de un práctica alimenticia saludable basada en unos productos equilibrados y sanos. Aunque es paradójico que los países 'mediterráneos', los que dieron nombre a esta alimentación, sean los que estén dejándola en el rincón mientras que otros países mundiales la miman y practican. Pero parece que no se quiere perder y hasta se han creado políticas y programas ministeriales y autonómicos para el fomento de la dieta mediterránea promocionando sus beneficios frente a otros productos.
Pero es un estilo de vida más que un simple decálogo de buenas prácticas alimenticias.
La denominación de dieta mediterránea la inventó el norteamericano Ancel Keys, especialista en nutrición, en los años sesenta. "Se quedó impresionado por las bajas cifras de colesterol en España y países mediterráneos como Italia o Grecia. Viendo qué se comía en estos países con menos infartos observó que se comía pan, vino, aceite y pescado. Aquí hizo amistad con Francisco Grande Covián y los dos la denominaron dieta mediterránea", recuerda el cardiólogo José Luis Marti.
Efectivamente, en los países europeos, sobre todo los del sur, había mucha menos mortalidad cardiovascular y menos enfermedad como infartos, ictus o insuficiencia cardiaca. Entonces se buscó el por qué "y se vio que el estilo mediterráneo es más que una dieta una forma de vida ya que influye la alimentación, la actividad física, ambiental,… Se indagó en los aspectos dietéticos como patrón y se vio que se fundamentaba en la triada de alimentos básicos: el aceite, los cereales y el vino", explica también el médico de familia del centro de salud de Almanjáyar, Miguel Melguizo. Además, también se tomaba más fruta, verdura, legumbres y pescado azul y menos grasas y proteínas derivadas de la carne.
"El éxito de la dieta mediterránea es sumar todos los elementos. Los alimentos son como los genes. Hay pocas enfermedades genéticas puras. En alimentación igual. Además, no toda la moralidad era por exceso o déficit de un solo alimento", aclara Melguizo.
Pero desde hace diez años parece que todo se está complicando. En España ya no se alimenta igual y hay más riesgo y enfermedades cardiovasculares paradójicamente en comunidades como Andalucía, Canarias y el Levante. "Hay más obesidad, diabetes e hipertensión en el sur de España y eso es porque se está introduciendo más alimentación y estilos de vida de fuera. Es una dieta mediterránea modificada en la que se conserva el patrón pero hay más grasas y menos pescado además de tabaquismo y sedentarismo".
Para intentar volver a los orígenes pese al cambio del estilo y ritmo de vida, es conveniente saber los riesgos y beneficios de cada producto. "La dieta mediterránea es la que tiene más Omega 3, que tiene una gran función cardioprotectora y que se puede obtener directamente de los alimentos como el pescado azul, las aceitunas o el huevo o ya incluso en pastillas y preparados", opina Marti.
En cuanto a las grasas, están las saturadas (beneficiosas) y las insaturadas o grasas 'trans'. Son grasas hidrogenadas. "A la grasa vegetal, para darle más consistencia, se la altera hidrogenándola", apunta Melguizo. Las 'trans' están muy presentes en alimentos como la bollería o la margarina. El efecto es que predisponen a la elevación de las grasas en sangre , subiendo el colesterol 'malo' y bajando el 'bueno'.
El aceite hace la función inversa de las 'trans' y regula el colesterol, al igual que el pescado azul, por lo que en la dieta mediterránea no se fomenta la aparición de colesterol, el principal riesgo cardiovascular.
Los cereales aportan proteínas sin incrementar el número de grasas y el vino, en cantidad moderada, "tiene un efecto cardioprotector". A estos se les unen otros productos beneficiosos como las legumbres, la fruta y la verdura o los lácteos y los huevos. "El objetivo es no incrementar las grasas y conseguir un aporte calórico suficiente. Además, tener una reserva de grasas también es necesario", dice Melguizo.
La dieta mediterránea tiene una ventaja: se comen alimentos muy apetecibles pero el inconveniente de que necesita tiempo para realizarse, principal motivo por el que la gente adopta otros hábitos alimenticios con el ritmo vital actual.
En el extremo opuesto de los beneficios están productos como las bebidas azucaradas, carnes, precocinados (llevan las mencionadas grasas 'trans'), etc.
"Nos hemos saltado la variedad, por lo que hay que actuar ya sobre niños y adolescentes para crearles buenos hábitos alimenticios", dice el médico de familia, que también apuesta por tomar medidas. "Hay mucho margen de mejora. No todo es inevitable. Por ejemplo hay un estado de EEUU que va a prohibir directamente las grasas 'trans'".
Con todo, como dice el experto, "la dieta saludable es la que se hace en función del estilo de vida. No hay que ser tan rígido sino moverse cerca de lo recomendado".